COMO EL TIGRE DE SANTA JULIA

Hay dichos del pueblo que encierran toda una historia para ser contada, pero ésta se va olvidando y sólo el dicho queda; un ejemplo de esto, es aquél que dice: “Lo agarraron como al Tigre de Santa Julia...”

Cuenta la historia que allá por principios del Siglo XX, hubo un bandido en el Estado de México y la capital mexicana que cometió asaltos, crímenes y mil tropelías que lo hicieron famoso y temido, por lo que la gente le puso el mote de El Tigre de Santa Julia, ya que en este suburbio de la ciudad de México tenía su escondite, su amante, y era común verlo seguido rondando por allí.

Su nombre fue José de Jesús Negrete nacido en 1883 en tierras de Guanajuato. En 1900, a los 17 años de edad, se enroló en el Ejército donde se hizo hábil en el manejo de las armas: Tras darse de baja, ya para el año de 1905 se hizo famoso como jefe de una gavilla de bandidos que mató a sus asaltados, a dos gendarmes, y se había convertido en un enemigo público muy buscado. Fue hecho preso e internado en la cárcel de Belén junto a cuatro de su banda, pero escapó para seguir su vida en el delito.

La Policía Secreta le tendió mil trampas pero no podían “echarle el guante”, pues su banda tenía una red de informadores que lo tenían bien protegido. Pero como toda historia tiene un desenlace, así el fin del Tigre tenía que llegar. Las redes de espionaje e inteligencia rindieron frutos, y la investigación desembocó en una silenciosa emboscada. El tigre de Santa Julia caería con toda su banda.

Aquella noche, rodearon el área donde se ubicaba la casa que servía de madriguera al bandido. El cerco se fue cerrando silenciosamente y docenas de rifles estaban listos para un enfrentamiento final. Con gran sigilo entraron por cercas, puertas y ventanas. Buscaron por todos los cuartos y rincones. No se encontró a nadie de su banda. El Tigre, no estaba...

Al fin, se dio la voz de alarma. ¡El Tigre había caído! ¿Dónde estaba? Lo encontraron sentado en cuclillas entre una nopalera situada al fondo del patio, realizando una necesidad fisiológica. Lo traían a rastras y con los pantalones todavía en los tobillos.

Desde entonces se popularizó el dicho: “Me agarraron como al Tigre de Santa Julia...” que quiere decir, sin posibilidades de correr o de defenderse.

Y a usted: ¿nunca lo han agarrado como al Tigre de Santa Julia?