CARACOLES Y CONCHAS MARINAS

Cuando la gente va de vacaciones a la playa, es muy común observar con cuanto gusto buscan conchas y caracoles por las orillas del mar. Los niños son los más entusiastas buscadores; y con su tina o alguna bolsa de plástico, acompañan a los mayores en su búsqueda.

Los inconformes con el resultado, o los que no tuvieron suerte, acaban comprándolos por bolsas de diez, de veinte, o hasta cincuenta pesos; ya que por todas las playas los lugareños los ofrecen en venta, sabiendo que son muy buscados por los turistas. El tamaño, el número y la belleza de las conchas es lo que determina el precio.

Pero, ¿por qué son tan buscados los caracoles y conchas marinas? Unos pocos, las buscan como pasatiempo, por coleccionarlos; pero la mayoría los busca como amuletos caseros; y terminan en peceras, frascos grandes o medianos, adornando sala, cocina y hasta el baño.

Se cree que si se lleva un caracol o conchilla en la bolsa, el viaje se llevará a cabo sin contratiempos ni sustos.

Es creencia tradicional muy antigua que si se le cuelga al niño un caracol al cuello, no padecerá los dolores de la dentición.

Otra creencia que llegó a nuestras tierras con los españoles, es que si se protege con un caracol, jamás le caerá un rayo.

Uno de los usos más antiguos de la concha nácar, es ponerla a remojar en crema facial; porque se cree que al paso de las semanas, con esto se tiene ya una mezcla que borrará las manchas de paño en la cara de las jóvenes siempre en busca de la belleza.

Pero en la casa, la creencia más generalizada, es que protege el hogar de malas vibraciones, malas presencias, envidias, hechizos y trae la buena suerte a la familia.

Una de las prácticas más comunes, es pegarse al oído el caracol grande, porque su forma interior provoca sonidos de aire que nos recuerdan los sonidos del mar. Será nostalgia por el viaje; pero es muy usual ver personas que se traen los vientos marinos a casa; y de vez en cuando, le pegan la oreja para volver a oír el rumor de las olas, que se quedó guardado en el interior del caracol y en su alma.

Superstición aparte, los caracoles marinos tienen mucha belleza y son muy decorativos.