LAS ESCUELAS DE ANTES

En esta sección de “Usos y desusos”, hoy hablaremos de algo que también se ha ido con el tiempo: El Sistema Educativo Mexicano.

Antiguamente, según me platicaba mi padre, nacido en 1912, las escuelas públicas ofrecían la Instrucción Primaria solamente hasta el cuarto grado. Había escuelas para niñas, y escuelas para niños. A las niñas las instruían profesoras, en aquél tiempo llamadas “señoritas” y en las escuelas para niños, trabajaban solamente profesores varones.

Los programas, los maestros, los alumnos y los padres eran diferentes a como son en estos tiempos. Los maestros eran considerados los “segundos padres”, y tenían permiso a ejercer autoridad al estilo de aquellos tiempos. No era raro entonces que en un momento dado castigaran duramente a los alumnos inquietos midiéndoles el metro en las corvas. Cuando el alumno se quejaba en casa, recibía otra dosis para que aprendiera a portarse bien. Por 1919, mi abuelo don José Olivares García, nacido en 1885, le presentó su hijo al maestro, y le dijo: “Profesor: Aquí le entrego a mi hijo. Si los puros huesitos me devuelve; los puros huesitos le recibo…” Con estas palabras le estaba dando libertad para -según su criterio-, “enderezarlo” en todas sus desviaciones. Mi padre sintió que lo entregaban a un verdugo.

Pero los tiempos traen cambios y pronto se vio por pueblos y ciudades la razón social: Escuela Primaria Superior. ¿Porqué “superior”? Pues porque ahora ofrecían hasta el sexto grado, que muy pocos terminaban. El que salía de Sexto era como si hubiera terminado su instrucción secundaria, ya hasta se le podía dar plaza como maestro empírico. Era muy común ver maestros adolescentes al frente de un grupo. Y como había una edad mínima para entrar, pero no una máxima, era común ver alumnos de diecisiete años sentados ante el maestro. Yo, en 1964, de dieciocho años, tuve alumnos y alumnas de quince años. Sinceramente, era incómodo.

Más adelante, con el crecimiento de la población, nacieron necesidades nuevas y una nueva razón social se leía en los edificios: Escuela Primaria Superior Mixta. ¿Porqué “mixta”? Pues porque ahora se integraban en un solo edificio a niños y niñas. ¡El escándalo social! ¿Cómo iban a educar a hombres y mujeres “revueltos”? Bueno, pues sí, juntos, pero no revueltos. Un ala del edificio era dedicado a las niñas atendidas por maestras, y otra a los niños atendidos por maestros. El patio de recreo tenía una línea que nadie podía cruzar bajo la vigilante mirada de los profesores. ¡Y pobre del travieso que se atreviera a invadir el patio de las niñas!

Pero la evolución que con el tiempo viene, hizo que pronto las escuelas primarias superiores mixtas, fueran verdaderamente mixtas. Ahora los niños y las niñas se integraron en los salones y en un solo patio. Ahora era igual si tenían al frente un docente hombre o mujer. ¡Otra vez el escándalo! Igual que la primera vez los padres que podían, sacaban a sus hijos de aquel “antro de perdición” para ponerlos en escuelas católicas donde todavía se respetaban sus deseos. Cualquier sacrificio estaba bien con tal de que nunca sentaran a su hija junto a un “hombre”. Pasaron muchos años, hasta fines de los años cincuenta, para que las familias que no tenían dinero para educar a sus hijos con monjas y maestros católicos, se resignaran o aceptaran la educación mixta.

Hoy, aún existen escuelas católicas ( caras) que se resisten a integrar “hombres” con “mujeres”; que no los son, pues son sólo niños y niñas.

Usos y desusos, cosas que con el tiempo vinieron, y con el tiempo se fueron.